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Esteban García, uno de los titanes de la hostelería madrileña.

El Pitaco se ha convertido en uno de los Ases de la baraja de la restauración en la Comunidad de Madrid.

No es fácil hacerse un sitio en la hostelería madrileña, donde hay un local abierto cada 5 metros. Pero en esta ocasión vamos a hablarles de alguien que empezó desde abajo, que aprendió la profesión como ya no se aprende, con disciplina y obediencia, trabajando en muchos restaurantes y pasando por todos los puestos del organigrama.

Y es que esta es la única manera de conocer a fondo el funcionamiento real de una empresa de hostelería, trabajar en cada puesto de trabajo de un restaurante para conocer bien lo que se hace en cada uno de ellos. De este modo, cuando uno ya ha pasado por todos, como lo hizo Esteban García, ya se puede coger la batuta y dirigir con sapiencia a todos los trabajadores, como se dirige una orquesta.

Quien conoce a Don Esteban García sabe que tiene delante a un hombre de los que ya no quedan, un caballero de los pies a la cabeza, con palabra y sentido de la honradez. No todos los días se cruza una con personas tan humildes que tienen claro que el camino del éxito no es otro que el sordo y callado, fruto del esfuerzo diario que a menudo pasa factura en nuestra salud, porque no hay fórmula mágica. Pero ahí está la profesionalidad y, como digo, la honradez de este señor que se ha ganado el respeto de clientes y amigos a pulso, cuando le vemos «remangarse» y ser uno más de su amplio equipo, el capitán de un barco que tira de su tripulación como el que más dando ejemplo.

Cuando Esteban decide abrir su propio negocio en 2012, el Restaurante el Pitaco, España no estaba en su mejor momento. Vivíamos en plena crisis económica, y de principios también, para qué negarlo.

Sin embargo, estos duros años de vacas flacas en nuestro país, Esteban ha sido ejemplo también para muchos emprendedores, sobreviviendo a esta desagradable tempestad con mucha paciencia y perseverancia, poniendo todas sus energías en lo mejor que se puede hacer en estas circunstancias: trabajar.

Como experiencia personal, puedo decirles que entrar en el Pitaco no solo es una apuesta gastronómica segura por sus platos siempre acertados en temporada, la calidad es inmejorable. Sino que, además, se respira la honradez que solo nos daba el refugio maternal de la niñez  y que, hoy en día, en muchos aspectos de la vida, parecen ya perdidos.

Gracias, Esteban, por hacer de El Pitaco el descanso del guerrero, el hogar de un amigo donde huele siempre a fraternidad y a cocina tradicional, a amistad y cariño.

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